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Las diferencias de comportamiento entre las personas son evidentes para todos nosotros. Desde pequeños tenemos opiniones varias sobre los  mismos hechos, aspiraciones muy distintas y unas personas nos resultan más agradables que otras.

En esta diversidad vivimos y hemos tenido que aprender, generalmente por la vía de la experiencia, cómo interactuar con quienes nos rodean. Y en situaciones tan distintas como compartir un espacio (desde un pupitre hasta un despacho), gestionar conflictos cotidianos (de un malentendido en la cola de un teatro a una disputa a la hora de conducir o aparcar el coche…), asistir a clase, lidiar con un hermano, elegir pareja, pasarlo bien en una fiesta, tratar con el jefe y los compañeros del trabajo…

Una de las razones que desencadenan esta pluralidad  de  comportamientos reside no sólo en que extraemos información diferente de una misma  situación, sino en que la valoramos de forma distinta.

Una muestra: las dispares manifestaciones de los líderes de opinión  al analizar un mismo escenario. Diferencias que no sólo se deben a táctica política, sino a que extraen de la realidad conclusiones desiguales. Puede suceder, por ejemplo, que unos vean primordialmente el paro como un drama de cinco millones de personas que tienen que ser atendidas y otros,  como la consecuencia de gravísimas disfunciones del sistema económico y financiero que hemos de corregir pese al coste social que ello conlleve. Ambos se basan en datos ciertos y ambos han  adoptado posturas que, quizás, les inviten a tomar decisiones muy diferentes cuando no conflictivas entre sí.

Y en nuestra vida personal sucede lo mismo. Las advertencias de un padre o madre a su hij@ sobre los riesgos del parapente, las motos, la noche… y las precauciones que adoptar chocarán con el balance riesgo/diversión del hijo y la conveniencia de no sentirse marginado en el grupo de amigos al pecar de prudente.

En esta diversidad reside una extraordinaria riqueza y si la sabemos aprovechar, nos hará ver el mundo y a las personas que nos rodean de una forma más completa y atractiva. Podremos entender mejor lo que ocurre a nuestro alrededor, lo que sienten y quieren quienes nos rodean. Pero para ello será necesario que aprendamos a percibirla y a gestionarla porque son muy pocas las personas que han tenido el don o la oportunidad de aprender por sus propios medios a vivirla y a disfrutar de ella.

¿A qué damos valor?Porque es posible aprender a gestionar esta variedad ya que, si bien los seres humanos no somos iguales,  nuestras  divergencias responden a ciertas pautas que podemos reconocer y conviene tenerlas en cuenta cuando interactuamos con otros.  Desde hace siglos se han interesado filósofos primero y psicólogos después y dedicado a analizar y modelar estas diferencias y proponer modos de afrontar y aprovechar la diversidad. “Enjoy diversity” se basa en estudios acumulados hasta nuestros días y propone una vía práctica y brillante de conocernos, entendernos y comprender mejor a otros para gestionar con éxito nuestras relaciones interpersonales.