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Saber no lo es todo. Ser un experto es sólo la mitad del trabajo ya que aunque nos proporcione algunos logros, no es sinónimo de buen desempeño, y mucho menos garantiza el éxito en una profesión. Y esto es válido tanto en organizaciones grandes, donde el número de personas con las que uno se relaciona es mayor, como en  empresas, oficinas y despachos de tamaño pequeño y mediano, en los que las relaciones se complican por la cercanía y la diversidad de roles que con frecuencia recaen en una misma persona (empresario, gerente, compañero, asesor,comercial, etc.).

Para tener resultados necesitamos aprender a entender al otro. Pero no podemos hacerlo mientras valoremos a los demás con la misma vara de medir: la nuestra.

Normalmente juzgamos a los demás a partir de nuestras expectativas que nacen de nuestros modelos del mundo, es decir, de nuestra forma particular de conceptualizar la realidad y de identificar respuestas conformes a esa configuración mental.

Esperamos que las personas con las que trabajamos y nos relacionamos compartan nuestra misma visión y actúen como nosotros, y  a todo aquél que en su comportamiento y en sus decisiones no se rige por nuestros mismos criterios con frecuencia le consideramos extraño, ilógico, incompetente, malo, tonto…

Pero rechazar jamás ayuda a entender y si quiero construir relaciones sólidas, profesionales o personales,  necesito alcanzar una comprensión más profunda de la psicología de las personas con las que entramos en contacto cada día,  que me ayude a entender su forma de actuar.

Debo empezar por preguntarme desde qué perspectiva está contemplando una situación, y para ello, resulta extremadamente útil el modelo de Enjoy DIVERsity que identifica 4 orientaciones psicológicas, que podemos describir como agrupaciones coherentes de valores, opiniones y comportamientos, que son reconocibles en el día a día de nuestra relación con otros:

  • La orientación emprendedora pone el foco en los resultados, que busca alcanzar de forma directa y sin rodeos. Desde esta orientación, las personas establecen metas claras, definen planes y actúan con resolución.
  • La orientación organizadora tiene como meta deseable la calidad, la adecuación e incluso la perfección en lo que se hace.  Profundizar en los temas, definir y seguir procedimientos o normas que ayuden a alcanzar esos estándares que desean, regulando también el trabajo y las relaciones, son actuaciones características de esta orientación.
  • La orientación sociable induce a establecer múltiples relaciones al tiempo que se exploran nuevas actividades e intereses,  y buscando el disfrute y la diversión en ambas facetas.  El impulso al cambio y lo nuevo determina fundamentalmente  las elecciones de las personas en las que predomina esta orientación.
  • La orientación cooperadora, por el contrario, busca la estabilidad y la seguridad.  Desde ella, los esfuerzos se centran en mantener las cosas tal y como están,  a veces en mejorarlas, pero salvaguardando siempre el bienestar de las personas.

Si todos fuesen como yo…

Las 4 orientaciones siempre están presentes en cada uno de nosotros aunque en distinta proporción, y además se manifiestan con una intensidad variable en función de la situación en la que nos encontremos, o incluso de nuestra etapa vital.

Saber reconocer e identificar las orientaciones que está mostrando con más fuerza y claridad la persona con la que estamos tratando, nos ayudará a entender mejor sus  vivencias, opiniones y propuestas.

Alcanzar una mejor comprensión de las intenciones y aportaciones de cada uno nos permite favorecer la labor de equipo,  evitar conflictos baldíos fruto de un enfoque personalista de las situaciones,  potenciar el desarrollo de las personas de nuestro equipo,  mejorar la interacción con los clientes y, en definitiva,  establecer relaciones más fructíferas y satisfactorias.